Hola
«Sé tú mismo. Los demás puestos están ocupados.»
— Oscar Wilde.
«Sé tú mismo. Los demás puestos están ocupados.»
— Oscar Wilde.
Mi anciana tía de 82 años de edad, vivía hasta hace unos meses con su hermana pequeña. Antonia, viuda y aquejada de un Alzheimer precoz, desde la muerte de su marido, vive con la voz apagada y atada a un sillón. Le administran la comida que se niega a ingerir, triturada y con pajita. No acierta a articular palabra, pero su mirada habla, no deja de hablar cuando abre los ojos a un mundo que pasa de incógnita, como un ser disfrazado que oculta su verdadera identidad.
Mi tía, a su lado, siempre a su lado, le cuenta historias sobre su pasado, le pregunta a pesar de no recibir una respuesta audible y la toma de las manos en una caricia de infinita ternura cargada de amor.
En verano pasa unos días conmigo y este último el deterioro mental, debido a su edad, ha sido notable. Recuerda algunas cosas del pasado, pero el presente se le escurre, dejando paso a una mirada que dibuja un gran interrogante. A veces no sabe donde está, y pregunta cada día las mismas cosas. Yo le respondo divertida y trato de suplir su incertidumbre arropandola con mimos y cariño. Su sonrisa, en esos momentos, es mi mayor recompensa.
Un día me contó mi prima que le suele cantar a Antonia la misma canción una y otra vez y llevada por mi curiosidad innata hacia los pequeños detalles de la vida, la convencí para que la cantará y poder grabar un video para la posteridad.
La canción reza asi:
«Despierta niña, despierta, si estás dormida…»
Quede sobrecogida. Es justo, como diría yo, lo que es un Alzheimer, un estado de sueño que nunca termina. Y ella le canta, ajena o no tan ajena, precisamente esa canción. Curioso. Pero todavía mi sorpresa es mayor cuando abro el video grabado en mi móvil y la observo cantándome a mi. Yo la espectadora siento como si también estuviera dormida, como si la vida fuera un tren en el que viajo a toda velocidad, sin ser demasiado consciente de los momentos que se me escapan, por la prisa de llegar… ¿A dónde? Porque no lo sé. Lo único cierto que sé: es que un día me alcanzará la muerte. Y la escucho cantar «Despierta niña, despierta, si estás dormida…» con esa voz tierna y quebrada de la ancianidad, con dulzura y sin prisa… Para ella ya no hay prisas… Ya no viaja en un tren. Su destino es el que ha sido, la vida que ha llevado, las cosas que ha vivido.. Ella ya no espera nada, levantarse por la mañana es su única esperanza, la que la mantiene viva, eso y cantarle al oído a su hermana ese: despierta mi niña, sin esperar que lo haga pero con el deseo secreto de que ella oiga su voz y por un segundo la reconozca y despierte de ese largo sueño.
Yo, por otro lado, al oír su voz me olvido de todo y canto con ella y me acuerdo de cuando era niña y tampoco tenía prisa, recuerdo a mi tía, mi niñez, y regreso a mi cuarto donde mis sueños con sabor a infancia me arropaban y sonrió, como hace ella cuando la abrazo o la beso.
Desde que termine mi primer libro, hace ahora unos 5 años, que me atrevo a decir: «Soy escritora» Cuando traje a este mundo a mi primera hija, dije: » soy madre».
Soy de las que piensan que cualquiera de nosotr@s puede ser lo que imagine o quiera ser, siempre y cuando tome la determinación que se necesita para poder serlo, acompañado de las acciones que definen ese rol que adoptas.
Dicen que muchas personas nacen con un don determinado, puede ser, pero opino que un don depende de la energía y el entusiasmo, por no decir el tiempo dedicado, que desde la infancia cultivas.
Obvio que esto puede suceder en otras etapas de la vida. Podemos desarrollar ese don en cualquier momento que lo decidamos y vayamos a su encuentro con la creencia firme de conseguirlo. Si lo haces en la etapa infantil, decimos que ese niño o niña ha nacido con un don. Lastima que muchas veces los limites impidan su posterior desarrollo.
Como escritora, puedo decir que desde muy pequeña tuve el hábito de escribir sin cesar. Escribía en un trozo de servilleta en un bar, en un mantel o una pared, en folios y libretas y como no, en un diario. No se si nací con ese don, tuve muchos límites a la hora de desarrollarlo, esos limites fueron mis miedos y una baja autoestima. A la par que escribía leía, devoraba libros constantemente, no los recomendados por la escuela en clase de literatura, algo de lo que me arrepiento, libros que caían literalmente en mis manos. Algunos los encontraba en la estantería de casa. Pasaba horas y horas en librerías, hasta que un título me captaba la atención y era ese el que me llevaba a casa.
La escritura es un arte, como la pintura, la escultura, la música… depende de la capacidad de creatividad, de imaginación, y tesón, entre otras. Capacidades que hay que desarrollar para poder cultivar ese maravilloso arte. La sensibilidad, las emociones florecen si lo cultivas y lo riegas adecuadamente, dando lugar a bellos paisajes narrados, pintados o expresados en una partitura.
Para ser escritor o escritora, solo hace falta una cosa, escribir,escribir,escribir… Atrévete a jugar con las palabras, a dar rienda suelta a tu imaginación, desarrollar la creatividad…
Como decía mi hija: «Escribe mamá escribe» y así logré escribir mi primer libro.
Hola a tod@s!
Me defino a mi misma como escritora de calle. Aunque he estudiado y obtuve la licenciatura de Filosofía, nunca estudie para ser escritora, me fui haciendo a mi misma, jugando con las palabras desde que supe escribir. Creo firmemente que tod@s somos capaces de hacer lo que nos propongamos con la ilusión y la guía inestimable de nuestra voz interior.
Tarde muchísimo tiempo en escribir un libro. Hasta entonces emborronaba paginas con diarios, versos en prosa y escritos filosóficos, reflexiones poéticas, sobre diferentes aspectos de la vida.
Como dijo Oscar Wilde: «Se tu mismo, los demás puestos están ocupados»
Espero que os guste, y participeis con vuestros comentarios y aportaciones.
Marian Abril.
Saludos